La última noche de Gloria
La noche era fría, la niebla inundaba toda la ciudad. En aquella calle desierta solo se distinguían dos figuras de pie, una frente a otra. La primera era la de un hombre alto, fuerte que se encontraba a solo un paso de la figura de una mujer atractiva y más baja que el hombre que la contemplaba. Ambas figuras estaban tan solo a un paso de distancia, quietas, sin intercambiar ninguna palabra
Gloria miraba fijamente a ese hombre que se alzaba frente a ella, se perdía en los ojos verdes y las pupilas negras que provocaban en ella un frío terrorífico que nacía en el interior de su cuerpo.
La chica sentía miedo y temor ante aquel desconocido, quiso recordar como había llegado hasta ahí pero esa mirada se lo impedía, quiso gritar, pero no pudo, quiso huir de ahí lo más rápido posible, pero algo la ataba al suelo mientras aquel hombre se inclinaba lentamente hacia ella.
Gloria tenía la mirada fija en el frente mientras aquel hombre se deslizaba hacia su cuello y clavaba sus afilados colmillos. Sintió como se hundían en su piel y perforaban su yugular. La sangre comenzaba a brotar de su cuello, apreciaba como la lengua del vampiro la recogía suavemente y la bebía mientras apretaba los pechos de Gloria con sus frías manos muertas.
Gloría sentía cada vez más frío, sentía como su vida manaba por su cuello para acabar en la boca de aquel hombre de ojos verdes que la había hechizado para que no pudiese moverse. Gloria palidecía por momentos. Aquel ser la agarro por la cintura y volvió a mirarla fijamente a los ojos. El iris verde de sus ojos penetraba en el interior de su mente, la sangre de gloria se deslizaba por sus labios y acababa en su barbilla. Lentamente el vampiro se acercaba a sus labios, Gloria quiso resistirse, pero no podía moverse, su vida se acababa, sentía como su sangre manchaba su hombro y caía al suelo. El hombre seguía acercándose a ella hasta que los dos se unieron en un beso, el que sería el último de Gloria.
El hombre mordió con suavidad el labio de Gloria e introdujo su lengua en su boca, la atrajo hacía si y la rodeo con sus brazos. La chica iba perdiendo la vida poco a poco en medio de aquel apasionado beso hasta que su cuerpo pareció caer desplomado.
Los brazos de aquel hombre pararon la caída y la posaron con suavidad en el suelo, se arrodilló junto a ella y acarició su mejilla, pasó unos segundos contemplando la belleza de su víctima, luego cerro sus párpados con los dedos. Se levantó del suelo y desapareció entre la niebla.

